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martes, 20 de abril de 2010

95. #Sigue la Sangre.

¡Nictálope! La sangre gotea sobre el papel. Todo lo que quise decir es desapercibido para otros, como un franco escondido en el techo, apuntando a su víctima.
Vuelve a los sueños inconfundibles, amansado en la espera del sexo, que como una X te rechaza. Vuelve a la espera del sueño inconfundible y la meditación rumbo abajo, hacia el centro del universo. El silencio dice pronto que el centro es aquí, ahora, porque todo se aleja de él y es desconcentrado. El equilibrio que se trata de romper es.. impropio.. de ser un esfuerzo realizable por la mente humana sin droga.
La explosión vuelve a su inicio.. en teoría. Pero lo devastado es irreparable en la reunión implosiva. La mera frecuencia de su irradiar es un insulto a la conciencia, un haz de recuerdos de dolor cruel e implacable. Un universo sin misericordia que ostenta la (posibilidad) de un dios palatino.

sábado, 3 de abril de 2010

86. ~ Página de desgracia.

Un día parece desmoronarse. Ligeramente se destroza. Se caen las paredes temblorosas, los adornos instalados también se caen, y se quiebran en el suelo. Hechos pedazos, siguen vibrando como finas porcelanas y sus emisiones me transtornan. No lo resisto más y caigo al suelo, tratando de taparme los oídos, pero esas ondas vibran a través de mí y no puedo escapar a ellas. Pienso que es el fin, que podría colapsar, tener un aneurisma si todo se sigue acumulando así. La gente camina con paciencia dominical por las calles, y una señora con su perrito pasean muy por cerca de mí. Si apenas la dama pasa su bastón por encima mío, para no pisarme. Estoy hecho mugres, no se porqué colapso. No se porqué caen los muros. ¿Por qué se desmorona el día? Sigue vibrando toda mi cabeza. Trato de levantarme del piso. Es difícil. Camino como cojeando un poco, casi arrastrándome. Estoy cerca del edificio dorado, centro de los fans del Dragón. Cruza la maldita avenida una y otra vez. Hay demasiados carros. El cielo tiene un rojo dominante. No tengo recuerdos. Tengo frente a mi una vieja casa destruida y abandonada. Las putas y los pasteleros la frecuentan. Apesta horrible. Llega el viento de más lejos, aleja el caucho de mi, y traen el olor de gasolina fresca y volátil. Decidiría incendiarme, y acabar con esto. Tengo suerte de no estar con hambre, pero me pesa el cuerpo. Hay una clínica cerca: no será buena idea caer por ahí. He de cruzar otra vez, y volver, en sentido contrario, a verdes más extensos. Con árboles.

Camino.. es rastroso caminar. Pronto una patrulla azul me detecta, pasa cerca de mí, me observa, y habla por radio. Pasa lentamente. ¿qué quiere de mi? Se aleja, desaparece. Yo también desaparezco. Mis pasos no hacen más ruido, las vibraciones han cesado. Ya no tengo sombra. Ya no estoy ahí. No estoy en ninguna parte, pero puedo ver. Puedo oir. Pero se oye diferente. Es amorfo. Todo a la vez, todo un sonido, y no muchas fuentes distintas.

Floto.. me desplazo hasta los árboles. El verde es precioso. Las hojas doradas rechinan caídas al suelo como metal. Los hombres las pisan y se oye el estruendo terrible de su derrumbe. Ligeramente se destrozan y se quiebran en el suelo. Busco volando los baños y paso sin pagar y sin ser visto. Quiero verme en el espejo, y éste estalla hecho pedazos cuando lo miro, pero ya no puedo verme otra vez, pies, manos, cabello, todo eso.

Saco la jeringa más usada del día y con mano firme la clavo en el vial para recargarla de droga. “Usar una vez y destruir” está ya ilegible en la jeringa por el uso. Sacudo las pequeñas burbujas, y me coloco en cuclillas. Las venas están tensas y las pincho hasta que la sangre invade el contenedor. Aprieto. Cada instante es delicioso y perfecto. Es reconfortante y volátil. Es etéreo y efímero, pero intenso e irremplazable.

¿Qué más hace? Un hilo de sangre se derrama por el brazo. Sangre brillante, diamantina. ¿Y a dónde va? Se derrama por el suelo, y goteando, hace un camino que yo sigo indiscretamente y sin dudar. Ahora, al salir del baño, la gente sí me mira, y me mira raro. Y yo sigo a la sangre, pero los demás no lo entienden. La sangre me lleva hasta una banca, quiere que me siente y descanse, y así lo hice.

jueves, 21 de enero de 2010

63. • K-Hole : El agujero de la llave.

Prepárate para los tubos: sigue la sangre. El primer torrente fluye hacia dentro, pero es exterior: como una nave extranjera que encalla en el puerto. Los canales nerviosos ejercen una descarga, y se libera el peso del cuerpo. Es un desdoblamiento, un núcleo es liberado: viaja a través de oscuros tubos iridiscentes hasta una estancia de carne viva. Esta habitación tiene varias salidas; el núcleo es por momentos un centro visual, y por momentos la visión se libera del núcleo y gira alrededor suyo, por el contorno del cuarto, junto a las paredes carnosas.
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Todas las salidas son entradas a otras estancias. Todos esos hoyos negros tienen tubos, y transmiten voces de los otros extremos, La estancia resuena con ecos que no perecen y que las paredes de carne sorben: las voces las alimentan.
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¿Qué quieren decir estas voces? Mi entendi-miento no las sobrecoje: parecen (en)cantos fúnebres. ¿Acaso oran por mí, o es que llegué a donde no me esperaban? ¿Es que acaso estoy siendo recibido? O expulsado.
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El núcleo se deja caer o es absorbido por otro tubo. La diversión ACABA. No tiene fin.. con esta exploración ni siquiera empieza. Todo vuelve a ser extraño. Estoy viendo mis pies, están muy lejos de mi, me separa de ellos una nube que los vuelve borrosos. Una compulsión mueve mi mano. Ahí la veo. Nada mueve mi cuello, ni mi cabeza. Nada mueve la espina. Mi cabeza estaba gacha, los cabellos se derramaban como hilos que entretejen confusión, un tobogán esquizoide. El núcleo se derrama por entre ellos, y la voz se precipita, acompañándolo como un mensaje, un obsequio para dios.
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Dios retorna ecos que rebotan por las paredes eternas, y NO hace gracia. Ha viajado grandes distancias hasta llegar a mí, o yo a ello, pero me siento ciego y no se de dónde hasta que no recorro todas las estancias-habitaciones y surco el universo, formando nuevas rutas y atajos. Formamos atajos con los que recorremos el universo, para avizorarlo todo en un instante, en una palabra, con un silbido veloz. Y se muere dios. Pero sin embargo, todo está lleno de vida.
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Intenta salir del hoyo con todas tus fuerzas, pero caes a la tierra con todo tu peso, y rechinas los dientes. O gritas. Gritas como un crío naciendo, porque no hay nada explicado. Nadie tiene derecho para permitirte hacer silencio, guardar la voz, apagar el sentimiento y callar el pensamiento.
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PERO HACES UN GRAVE SILENCIO, y no-yo ausculta mi cuerpo. Un módulo cerebral se encarga de todo y procesa la experiencia. El núcleo vuelve a su sitio.. todo se reordena de a pocos.. el cerebelo aún se esfuerza por calibrar los lados derecho e izquierdo del cuerpo. Es como si todo tuviera que ser conectado de nuevo. No-yo se oculta bajo mi nombre y bajo el nombre de dios, mundo, hombre. Aquí y Ahora no han sido medidos con precisión, pero sobrepasan la distancia que recorre la medida del universo.
Todo antes y después se formulan a partir desde entonces desde allá.
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Allá se ha traspasado el límite. Todo retorna a la “normalidad”. //.
CONTROL. ¿Órdenes?
Limpia todo, sigue la sangre.

martes, 1 de diciembre de 2009

43. VOZ.

La voz libre como un modus vivendi de la libertad. La voz lo dice todo, y luego calla, canta, grita, llora. Todo lo que decimos se lo lleva el viento. Y la voz desaparece, una voz discreta que musita y menta cosas para luego librar a la conciencia de su bagaje. Voz como vómito o flujo de lo eterno hecho consciente, por parte, No podemos con todo a la vez. La voz se abre en el tiempo como un chorro, un río que fluye.
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Deseo gritar, pero soy una presa aquí. Debo seguir la sangre para sobrevivir. CONTROL. Naufrates. Solitario. Arañas. Más gritos.
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Un tono sordo logra hasta mi umbral y me explotan los oídos. Yacía en el suelo perdido de la conciencia y manaba la sangre a borbotones, se derramaba por el piso como una bendición de fuerza bruta para la tierra.
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Mi cabeza estalla en pedazos por toda la calle. Algunas personas se congregan alrededor mío para ver. Todos masticando turrones. Una estampida de barrenderos se llevan mis pedazos para dispersarlos por el río Rímac. Algunas partes se quedan pegadas en los árboles, en las vitrinas de los túneles y en los carros que pasaban a velocidad. Pronto llegarán pedazos míos a Barranco y al mar finalmente donde fueron disipados en el olvido.
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¿Quién soy yo? Escucho radiación y siento las ondas vivas a través mío. Como el viento empuja las hojas secas y mueve el pasto, la radiación me induce a actuar de extrañas maneras. De noche o de día, la luz directa del sol, o la luz refracta de la luna y las demás estrellas alimenta a mis ojos vacíos de fondo, insaciables de rayos: estos inciden como el agudo láser sobre mi visión y la realidad queda enfocada. Pronto todo el ser es dispuesto y se forja la necesidad, y yo sigo la sangre.
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Estaba metido en un baño, como en una cabina de despegue. Cuando me inyecto y la demencia se manifiesta, la mente es el mundo, y todos los lenguajes se ven enriquecidos al punto en que su percepción transmite nuevas idealidades. Como aquella que hacía hablar al agua, y la hacía reaccionar a los cambios de mi mente. Me parecía lo más increíble y tuve (y tomé) varias oportunidades de registrar lo sucedido con mi cámara. Grababa la música en el aire y recogía el regurgitar del agua, como si con una canasta recogiese | frutos del bosque / Hojas secas de otoño |.
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Nunca fue más increíble que aquella vez en el hospital de la policía. Mi angustia era enorme: a pocos pasos de mí, un cuarto con mujeres accidentadas y entre ellas se encontraba Norma, recuperándose de un choque. Su burbuja había explotado, y ahora se encontraba en una terrible situación compartiendo su dolor conmigo. Ya ella dormía, y el agua me habló con cientos de voces. Como cuando estás mal y todos te dan ánimo, y fuerza, sentía que las radiaciones configuraban las moléculas de agua y las hacían sonar de mil distintas formas, expresión llena de matices como si tuviera mil cordones de teléfono al oído, con voces todas comunicándose, alimentando mi vacío, la pobreza de mi sensación, destruyendo mi desahucio, reparando mi pena y mi dolor para mostrarle fuerzas rejuvenecidas al despertar.

jueves, 19 de noviembre de 2009

35. Transmisión de la unidad lógica.

. Cada vez que hay algo por decir, dilo. Si lo callas, nadie lo sabrá. Si lo dices, será conocido. Si es conocido, habrá opinión de ello. Pero de la opinión surgirá contrariedad. Porque nadie entiende igual. Aquí la lógica es la poderosa herramienta que ayuda en la comprensión de aquello que viene a ser dicho: las palabras, el logos.
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Cuando transmitimos remotamente la señal obtuvimos de respuesta una constante lógica, que es ella misma por defecto variable. Era la negativa, el NO desesperanzador. Pero más que ello, quisiéramos conocer a fondo el circuito neural de la negación. Por ejemplo para entender los rechazos.
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1)-¿Me quieres?
-¡No!
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2)-¿Ola?
-¿No?
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3)-¿Hablamos?
-¡No!
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Éste es el derrotero del mundo. Sonámbulos. Diremos cosas terribles si nos mantienen en este encierro – es insoportable ser parte de él, escuchando musiquilla cercana que no me llena el [corazón] ni el (rostro) de felicidad, sino que lo sujeta entre corchetes.
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Así es el {encierro} bajo llaves. “Come pan, mieces / tienes los pies dulces como la miel, / los dedos retorcidos, tus huesos rotos, déjame reparar.” Quisiera hacer algo por ti, y por mí también. ¿Cuantas veces te dije que te amo, y tú no lo sabes todavía?
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Jodido aumento. Déjame ver tu sangre. Déjame seguirla un rato. Casi te lapidan. ¿Qué hiciste?

viernes, 28 de agosto de 2009

29. Infierno es destrucción oleosa.

Ella la untaba por mi pecho mientras el sol se iba y estábamos cerca de la clínica. Ella me amaba, todo era un transtorno. Yo. Tocaba su mano y pensaba en las otras dimensiones de mi existencia, su ser: todo empezaba en los receptores táctiles, y pronto me sentía como siendo muy carnívoro, comensal de carne cruda, bebedor de sangre pura..
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Y volví a caer en el olvido. ¿Dónde estaba ahora? Sucio, olvidado otra vez, tirado en un baño, una de esas playas de estacionamiento. Habíamos estado tomando unas fotos antes, mi copiloto y yo. Luis nos había asaltado antes. Quiso volarse mi cámara, pero no pudo contra nosotros. Su padre era policía y hasta me dijo “sabio”. Nos dejó ir. Su hermana en cambio, nos escandalizó: “¡papá yo los vi ayer en las escaleras inyectándose marihuana!” – y yo aún pensé si eso fuese posible, y cómo se sentiría – y maldije a los ingleses, que ya la redujeron a una pastilla.
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El edificio tenía una escalera infernal. Sellada con un candado gigantesco y herrumbroso. No sabía cómo entraríamos ahí. Aún no hemos ido. Es tan difícil como volver al edificio Cailloma y todas esas cosas. Y ahora uno es más viejo. Aún es más peligroso, ¿no? Ahora todos temen lo peor de uno. La escalera tenía una alfombra roja en sus escalones y sólo dejaba ver unas sombras y tenues luces de algún camino imposible de seguir para nosotros. ¡Qué frustrante era, maldita sea!

lunes, 24 de agosto de 2009

27. Sigue la sangre. En estéreo.

Esta vez, salpicaste todas las paredes. ¿Qué tenías, pintor? ¿Qué aires traías contigo? Cuéntanos, ea, anímate, y con esfuerzo quizá logres la gloria o el favor de un dios que escuche.
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-Perfume de flores arcanas- ¡Bébanse toda mi sangre, involuntarias! ¡Yo, deshecho en fachas! Yo, tubérculo y flojo, exagerado y rey de sandeces y peripecias. Yo, distintivo de sí mismo y a la vez nadie – ríen – y con gracia, poca cosa, alguna si acaso para unos basta, vasta y suficiente para todos (AQUÍ VIENE DIOS).

martes, 11 de agosto de 2009

19. Febrero 36.

TODO fluye como miel y soy un enjambre. Tengo conciencia de la reina frente a mí y conversamos un poco.
-Oye, reina, quiero tu miel.
-Y tú no sabes lo que yo quiero de ti.
(3ª voz, del público)- ¡Quiere tu sangre, imbécil! ¡Hará MIERDA de ti!

17. Febrero 37.

No veo mi sangre como antes. No se está derramando como lo hacía antes. Parece que reducimos nuestra vida a un tópico. Quizá esto no es cierto. La vida es más grande aún. Y más grave. Y así me mortifica, sin sentido, ni “salud” – y fíjense con qué odio les hablo de la “salud” y no de la excelente salud, que buscamos mantener a toda costa. No, yo no te abandonaré, mi amor, no, jamás, etc.

lunes, 27 de julio de 2009

4. CONTROL (Primer punto de Control)

¿Órdenes?
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No hay un nuevo protocolo. Sólo sigue la sangre. Pero ya estás escupiendo rojo, maldita sea. El tópico fue asaltado, y ahora todos están muertos y derramados por el piso. ¡Tienes que cuidar tu salud! Entonces se trata de algo así como de seguirte a ti mismo, o “todos síganme”, o mejor sigue esto: sigue la sangre. Dicen que los antiguos escupían para hacer algo así como un obstáculo contra los malos espíritus o demonios. Y yo escupí mi maldita sangre, pero vino un perro y la lamió y luego me movió la cola (esto último fue una hermosa mentira).
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La sangre manaba cada mañana con kantiana puntualidad en los baños más cochinos de los mercados del centro de Lima, o en las playas de estacionamiento, o en los baños de los grasientos chifas. Todo previo a la música. A veces olvidaba la música. Así que ellos la elegían por mí. Juro que elegían cosas terribles cuando me demoraba en salir, a manera de un apuro, pero hubo una vez en que escuché la voz hermosa de un señor cantor, un italiano, seguramente de inicios del siglo XX, y por más que pregunté, todos me desorientaban, y nadie me llevaba cara a cara con el HOMBRE de la música para preguntarle QUIEN es aquel que canta, de QUIÉN es aquella voz. Finalmente fui censurado de ese mercado porque me tomaba mucho tiempo en salir cuando entraba para destruir.

sábado, 25 de julio de 2009

1.

Sigue la sangre. ¿Cuál? ¿La que fluye vergonzosamente de tu brazo? NO, IMBECIL. Sigue la sangre en el piso, ha pasado algo, quizás una pelea, o un perro que haya mordido a un maldito, tú lo sabes, así como en los sueños mandan, los perros saben a quien morder, así lo hacen –así lo hicieron conmigo = casi pierdo la mano aquella vez ≡ menos mal que sólo fue un sueño.
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¡OH NO! Pero si sólo es un borrachito tirado en sus propios orines. ¿Qué no es cosa común de ver en ese mugriento cruce de la Av. Colmena? Sí, con su loquito en la iglesia que de todos los feligreses hacía berrinches por roñosos y avaros. Y mientras los carros fluían con furia y rabia. Pero yo danzaba entre ellos, y nada me detenía hasta el óvalo 2 de Mayo y la Plaza Grau.
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Sigue la sangre. ¡Otra vez! La guerra, la paz, dios mío. ¡Y todo lo veo en mi brazo! Esto NO es mesianismo, pero me siento elegido por un momento. Así que me inyecto droga. Más droga, para ser precisos. Más todavía, si no se asustan, si me lo permiten, si no se incomodan con mi meditabunda existencia. Total, nadie ve.